Para mí y algunos comensales más, sin duda alguna – digo para mí porque una vez más el “Estofado de jabalí a la cerveza” ha vuelto a triunfar por mayoría absoluta entre los 33 comensales que compartimos mesa en las pasadas fiestas navideñas – el plato más exquisito que he cocinado en las mencionadas festividades es el que hoy comparto virtualmente con vosotros.
Este estofado de corzo con Lactarius sanguifluus, tomates secos de Caspe y patatas fritas estaba de rechupete y os animo a cocinar este plato de caza si tenéis la fortuna de tener amigos tan generosos como los tengo yo, amigos que en esta ocasión nos han obsequiado con tres paletillas de corzo para que pudiéramos disfrutar de un plato de caza exquisito.
La receta o fuente de información culinaria que he utilizado con algunas variaciones para cocinar el corzo es del Club de Caza. 
Quiero felicitar a Rosendo Alonso y Víctor Luis Martínez por este sabroso estofado de corzo con setas que he podido cocinar como amateur de los fogones en mi cocina gracias a su generosidad por compartir con nosotros este estupendo artículo de caza sobre “El corzo, meigallogalaico”.
Lactarius sanguifluus que nos había obsequiado un otoño generoso

Ingredientes:

3 paletillas de corzo.
1 kilo de patatas de Coristanco.
10 tomates secos de Caspe.
500 gramos de Lactarius sanguifluus.
Una cucharada generosa de pulpa de pimientos choriceros.
4 dientes de ajo rojo.
3 cebollas grandes.
1 vaso de Brandy.
1 vaso de vino tinto.
2 hojas de laurel.
Aceite de oliva virgen extra.
Perejil, pimienta negra, guindilla, sal y harina.
Preparación:
 
Poner los trozos de corzo en un recipiente con los ajos cortados, el vaso de vino tinto y la copa de brandy. Dejar en adobo durante 24 horas. Pasado ese tiempo, escurrir la carne y reservar. Poner aceite en una sartén, freír las patatas y guardar para más tarde. 
Saltear las setas con una pizca de sal y pimienta negra recién molida en un recipiente y reservar para la presentación final. 
En un mortero, machacar los ajos rojos del adobo, el perejil, la guindilla y la pulpa de los pimientos choriceros.
Se salpimientan los trozos de carne, se pasan ligeramente por harina y se fríen. En el mismo aceite de rehogar la cebolla se añade el majado resultante del mortero y del jugo del adobo. Se deja guisar a fuego lento, añadiendo agua o caldo de carne según lo vaya necesitando. Cuando la carne esté tierna, se añaden las patatas fritas y las setas. Se cuece todo junto durante unos minutos para que los ingredientes se nutran del sabor.
Una buena sugerencia de presentación sería colocar el corzo en el centro, las patatas a un lado del plato y las setas en el otro. Con la salsa resultante se puede cubrir todo el guiso o sólo una parte de los ingredientes. De esta manera se le dará protagonismo a la parte que nosotros queramos resaltar.

1º.- Se salpimientan los trozos de carne, se pasan ligeramente por harina y se fríen.

2º.- En un mortero, machacar los ajos del adobo, el perejil, la guindilla y la pulpa de los pimientos choriceros.
3º.- En el mismo aceite de rehogar la cebolla se añade el majado resultante del mortero y del jugo del adobo.
4º.- Se deja guisar a fuego lento, añadiendo agua – yo he añadido un rico caldo de carne- según lo vaya necesitando.
5º.- Cuando la carne esté tierna – 2 horas a fuego lento 3 en vitro – incorporamos los tomates secos de Caspe previamente hidratados en agua templada con una hora de antelación.
 6º.- Cuando la carne esté tierna, se añaden las patatas fritas y las setas. Se cuece todo junto a fuego lento durante unos minutos para que los ingredientes se nutran del sabor.
7º.- Con la salsa resultante se puede cubrir todo el guiso o sólo una parte de los ingredientes. De esta manera se le dará protagonismo a la parte que nosotros queramos resaltar.

Con este apetitoso plato de caza me despido de todos vosotros hasta la próxima entrada  en Gastronomía en verso con la esperanza de que el sol sea al menos un poquito más generoso con nosotros y el mar, nuestro mar, se tranquilice.